¡Qué tal, queridos amantes del fútbol! Hoy les traigo un análisis fresquito como la brisa de Necochea sobre el partido que se jugó en el Estadio Ciudad de Caseros, donde Instituto Córdoba y Deportivo Madryn mostraron más contrastes que una canción de Charly García en sus mejores tiempos.
Vayamos al grano: Instituto Córdoba le pasó por encima a Deportivo Madryn con un contundente 3-0. Parece que los muchachos de Madryn vinieron más perdidos que turco en la neblina o fanático del rock buscando discos originales en Avenida Avellaneda.
El primer gol llegó rápido, a los 9 minutos, cortesía de J. Lázaro. Un golazo tan sorprendente que hasta hizo dudar si estábamos viendo un partido real o era alguna movida mística digna del mismísimo Luis Alberto Spinetta explicando metafísica. Y para no dejar margen a especulaciones, justo antes del descanso, L. Klimowicz decidió poner las cosas 2-0 con otro tanto cuando ya nos preparábamos para ir por la picada.
Como si fuera poco y por si alguien tenía dudas sobre quién mandaba en la cancha esa noche, Klimowicz repitió la dosis apenas arrancado el segundo tiempo (53′), definiendo el partido con ese tercer gol como quien cierra un recital con “De música ligera” dejando al estadio entero aplaudiendo de pie.
Y así amigos míos fue cómo Instituto pegó tres sacudones secos y dejó sin respuestas a un Deportivo Madryn que se lleva para casa más tareas pendientes que alumno volviendo de vacaciones largas sin haber abierto ni una sola carpeta.
No hubo necesidad ni tiempo extra ni penales porque claramente ‘La Gloria’ -como llaman cariñosamente a Instituto Cordoba-, estaba destinada desde el silbato inicial a llevarse este triunfo bajo su brazo derecho cual santo haciendo milagros futbolísticos ante fieles devotos esperanzados por ver algo celestial… ¡y vaya si lo lograron!
En fin compañeros del balón redondo; ha sido una noche donde algunos tuvieron fiesta total y otros tendrán mucho qué pensar – quizás poniéndose algún disco triste tipo Cerati mientras reevalúan estrategias-. Nosotros seguiremos aquí atentos al desarrollo espiritual pero también deportivo nuestro sagrado fútbol argentino.
¡Hasta la próxima crónica!